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ARTÍCULOS de la Plataforma Perú Libre de Transgénicos

LOS TRANSGÉNICOS EN DEBATE

LOS TRANSGÉNICOS EN DEBATE

Lea en VOL (www.viajerosperu.com)
Los transgénicos en debate
Por Augusto Urrutia, especial para VOL, 13 de agosto de 2008

 

Augusto Urrutia es el presidente de Perú Ecológico y nos ha enviado esta nota que se suma al debate que sobre los transgénicos se ha iniciado en nuestro país debido a la propuesta, aún en estudio, de permitir su inclusión en el desarrollo de la agricultura en el Perú. Como se sabe, en muchos lugares del mundo las plantaciones transgénicas han afectado otros cultivos, pastos naturales y fauna silvestre, de allí su rechazo a las mismas en Suiza, Alemania, Francia, Japón, quienes prefieren lo orgánico y pagan los mejores precios por obtener alimentos sanos. Chile, tampoco está dispuesto a comprometer sus frutales, viñedos, sus exportaciones y por ello no acepta transgénicos en su territorio.

Más info en: www.viajerosperu.com/articulo.asp?cod_cat=11&cod_art=1061

SEMILLAS TRANSGÉNICAS Y HERBICIDAS

Enviado por Elena Galón Porrero

Un fallo reciente  contra La Monsanto en Francia y la persecución judicial injusta y obsesiva adelantada por la multinacional en los Estados Unidos son las dos caras de una misma moneda.
 
Mientras en Francia los jueces dan la razón a los demandantes por publicidad engañosa al especificar en los envases del roundup o glifosato, que este es ?amigable con el medio ambiente? y que se destruye en la tierra, sin producirla ningún tipo de daño, en Estados Unidos  la transnacional demanda a campesinos de EU por uso de semillas transgénicas asegurando que los agricultores no compraron el producto y dejando de lado más bien que su productos por el proceso de polinización han contaminado los campos.
 
Para la empresa la pena de una multa pecuniaria, ni siquiera le supone gran preocupación en sus estados financieros, su imagen de por si deteriorada en ámbitos críticos, ambientalistas, sociales, campesinos organizados y de derechos humanos  ha trascendido las fronteras europeas y ha llegado a la opinión pública mundial, lo que seguramente afectara ahora su buena imagen, y la percepción de consumidores de ser  una empresa ?ética? en todo el mundo.
 
El mundo conoce la actividad de la Monsanto , en el campo de los transgénicos u organismos genéticamente modificados (OGMs), y en el de los agroquímicos.
 
??Monsanto, tiene el monopolio y control de más del 90% de la superficie total sembrada con cultivos transgénicos en el mundo. Las semillas de mayor venta en el mundo, son tolerantes al herbicida glifosato, pero en realidad la venta de estas semillas sólo son el instrumento para mantener y aumentar las ventas del herbicida, propiedad de Monsanto. Estas semillas y tecnologías son protegidas y controladas por las empresas a través de patentes o derechos de propiedad sobre plantas, animales y del material genético de seres vivos??[1]. 
 
El aparente bienestar que se generaría por las OGMs ha ido quedando al descubierto, por las afecciones en la salud humana, las modificaciones ambientales y orgánicas, la modificación estructural de las relaciones campo seres humanos, seres humanos biodiversidad, territorio y sistemas de vida, la apropiación ilegal y legal de frutos y la obligación a través de las políticas públicas de países empobrecidos de acrecentar el uso de semillas mejoradas.
 
Lo más sagrado de la vida, la capacidad de reproducirla y multiplicarla se ha ido convirtiendo en historia pasada, con las actividades que esta y otras empresas desarrollan en todo el mundo.  Las semillas genéticamente modificadas, de maíz, soya, algodón bajo este esquema van mostrando la dependencia del campesino sobre los productos de la empresa. Los granos recogidos en la cosecha, no pueden volver a usarse, o  pueden ser sembrados, pero pueden volver a producir, salvo con la adquisición de una nueva semilla con  el nombre de Monsanto o con una serie de nutrientes, que solo produce La Monsanto. Uso dentro de toda la etapa, de preparación, de siembra y de cosecha de productos de La Monsanto , como el uso de herbicidas, por supuesto, producidos por La Monsanto como el famoso  Roundup o glifosato. Usados también en Colombia en plantaciones de Palma y en la erradicación de la coca.
 
 El campesino que compró semillas transgénicas, se ve obligado a comprar más de nuevo para volver a sembrar. Todo ello bajo la promesa falsa de que con las semillas transgénicas, la producción es mayor. Y con el aliciente de que, si usa semillas transgénicas de la Monsanto , también podrá usar cuantas cantidades quiera de herbicidas, también de la Monsanto , pues precisamente las semillas se han modificado genéticamente  para que resistan el poderoso herbicida que mata el resto de hierbas que pueda haber alrededor.
 
Pero a la engañosa publicidad de La Monsanto , le continúa una serie de técnicas y mecanismos de control y de persecución sobre sus usuarios o sobre quiénes se ven afectados por el uso de sus productos. De acuerdo con Green Peace, La Monsanto realiza investigaciones exhaustivas hacia los agricultores, demandas contra agricultores a quiénes considera han violado el uso de patentes o de exclusividad  de la semilla.
 
Muy pocos compradores, consumidores incautos, conocen de la posibilidad de ser demandados. Otros con desconcierto y sorpresa son demandados por la empresa cuando este considera que su monopolio mundial sobre la vida vegetal entra en riesgo por la existencia de siembras con semillas nativas, a las que considera atentatorias de las patentes.
 Dos caras de una misma empresa, la que se muestra como benefactora de la humanidad por la biotecnología, la misma que engaña mostrándose  como la bondad suma en términos ecológicas, la que oculta su rostro de hierro con el cual persigue a sus propios compradores y usuarios, y a quiénes concibe como sus enemigos.
Algo de verdad empieza ya a aparecer en relación a la actividad de este gigante empresarial.  Pero queremos la verdad, la única Verdad invisibilizada, más justicia, en relación a sus actividades en Colombia. Aquí ha existido una irregular forma de introducción de las semillas transgénicas en el país, como en lo relativo al lucrativo negocio de las aspersiones con glifosato. Bajo la excusa del ataque a los cultivos de uso ilícito La Monsanto ofrece sus productos en el paquete del Plan Colombia;  los que están ocasionando desplazamiento, destrucción de los cultivos de supervivencia de los campesinos, enfermedades, modificaciones de los ecosistemas, y problemas entre pueblos. Pero olvida La Monsanto y el Gobierno Colombiano que incluso Afganistán, tan amigo de Estados Unidos, se ha negado a rociar con glifosato sus territorios como forma de acabar con la amapola!. Falta de vergüenza y de dignidad en los dirigentes colombianos, al fin y al cabo son parte de la misma estirpe de negociantes del planeta y de la criminalidad que se viste de ecologismo, de democratismo y de pacifismo.
 
Algo hay de Francia a Estados Unidos a México y Colombia. Los pueblos, las comunidades, los sectores de la sociedad civil tendremos una nueva oportunidad de conocer  a La Monsanto ,  en una Pre Audiencia en Medellín entre el 22 y 23 de febrero y en la cuenca del Cacarica, el 25 y 26 de Febrero, dentro de la Audiencia sobre Biodiversidad, que se inscribe en la 32 Sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos. Allí, más verdad. Allí más condena, condena ética, el lugar desde que el mundo podrá ser otro.   
 
 
 
Adjunto Artículos
Monsanto demanda a campesinos de EU por uso de semillas transgénicas, La Jornada , México, Febrero 8 de 2007
UN FALLO CONTRA MONSANTO EN FRANCIA, Las mentiras del glifosato, El Tiempo, Bogotá, Febrero 8 de 2007
 
 
Bogotá, D.C Febrero 10 de 2007
COMISION INTERECLESIAL DE JUSTICIA Y PAZ
 
La Jornada (México), 8 de febrero de 2007
 

Monsanto demanda a campesinos de EU por uso de semillas transgénicas

En varios casos, las cosechas se han contaminado por el proceso natural de polinización
La trasnacional asegura que los agricultores no compraron el producto

ANGELICA ENCISO L.

Alrededor de 190 productores de Estados Unidos han sido objeto de demandas por parte de Monsanto porque, presuntamente, los jornaleros utilizaron sus semillas transgénicas sin haberlas comprado; no obstante, varios de estos casos ocurrieron por la polinización natural.

Para ubicar a los campesinos, la trasnacional realiza arduas investigaciones, "así como duras acusaciones que han llevado a los agricultores a cambiar el modo de cosechar. Ante esto, el resultado es una agresión a los procedimientos agrícolas tradicionales que han perdurado durante siglos", señala el reporte del Centro de Seguridad Alimentaria de Estados Unidos denominado Monsanto contra los productores estadunidenses.

Ahora que las empresas productoras de transgénicos presentan el cultivo de maíz biotecnológico como una "opción" para elevar la productividad en México, no hablan de las consecuencias jurídicas que esto puede tener, específicamente con el flujo de genes, como el ocurrido en la sierra Juárez de Oaxaca en 2001, de lo cual no se estableció responsabilidad a los dueños de los transgenes, y que en otros países ha llevado a sancionar a los campesinos.
 
El documento refiere que Monsanto ha hecho un "claro esfuerzo por controlar las patentes de la tecnología en la ingeniería genética, germoplasma y además del uso de las semillas", lo cual ha llevado a esta empresa a ser líder en el campo de la biotecnología agrícola.

Los esfuerzos de Monsanto para demandar a los productores se pueden dividir en tres etapas: investigaciones hacia los agricultores, acuerdos extrajudiciales y litigios en contra de éstos que la compañía haya considerado que violan la patente, indica el documento traducido por Greenpeace.

Detalla que a la corte judicial estadunidense han llegado juicios de 147 agricultores y de 39 pequeñas empresas agrícolas, "muchos de ellos han sido demandados después de que sus parcelas se contaminaron con polen o semillas que pertenecían a un cultivo transgénico... a simple vista parece no importar si el uso fue sin premeditación, o si nunca se firmó un contrato".

Cambios a la agricultura

Advierte que a partir de la introducción de cultivos transgénicos, la agricultura ha sufrido una transformación considerable para cientos de productores de Estados Unidos. Conforme aumenta el número de productores "sujetos de hostigamiento, investigación y acusación por parte de la empresa, sobre un supuesto incumplimiento de lo acuerdos de patentes de semillas y uso de tecnología, debería existir mayor presión para revocar las políticas gubernamentales que sustentan dicha persecución", agrega.

Cuando los campesinos firman un contrato con esta empresa, se les prohíbe el almacenamiento de las semillas y se les obliga a adquirirlas cada año, los cual le ha dado "un control nunca antes visto sobre la venta y uso de los granos en Estados Unidos".

El control de esta empresa "se complementa con un factor de vital importancia que utiliza en su beneficio: de forma natural las plantas suelen reproducirse gracias a la polinización y se combina con otras plantas. Ya que Monsanto posee patentes de las características y semillas transgénicas, el cultivo contaminado se convierte en propiedad de la compañía, incluso para aquellos productores que no adquieren o no conocen cómo se utiliza la tecnología patentada de Monsanto

COMENTARIOS DE LEONARDO BOFF SOBRE LAS NEGOCIACIONES DE DOHA

COMENTARIOS DE LEONARDO BOFF SOBRE LAS NEGOCIACIONES DE DOHA

¿ECONOMÍA DE REVOLUCIÓN?

Leonardo Boff (domingo, 03 de agosto de 2008)

En las negociaciones de la Ronda de Doha sobre comercio internacional se ha notado algo cruel. Mientras los países ricos se negaban a disminuir los subsidios agrícolas y a modificar otros renglones de la agenda comercial para preservar su alto nivel de consumo, otros luchaban, desesperadamente, para garantizar la supervivencia de sus pueblos.

La visión de los países opulentos es miope, pues ya está instalada la crisis alimentaria, posiblemente de larga duración, que puede afectarlos a ellos, pero mucho más a millones y millones de personas, que se enfrentan no a la pobreza sino directamente a la muerte. Ya han estallado revueltas de hambrientos en cuarenta países sin que la prensa empresarial, comprometida con el orden imperante, haya hecho referencia alguna. Los hambrientos siempre dan miedo.

La crisis alimentaria, asociada a los trastornos provenientes de los cambios climáticos, es de tal envergadura que nos está permitido hablar de la urgencia de una revolución. Esta fue la palabra usada el día 2 de febrero de 2007 en París por el ex-presidente francés Chirac al oír los resultados alarmantes sobre el calentamiento planetario. Advertía que, ante la situación actual, debemos tomar la palabra revolución en su sentido más literal. Es urgente hacer cambios radicales en las formas de producción y de consumo si queremos salvarnos y preservar la vida en nuestro planeta. Esta vez no podemos hacer economía de revolución. Hay que llevarla a cabo ya ahora.

Evidentemente no se trata de revolución en el sentido de utilizar la violencia, sino con el sentido que le dio nuestro historiador Caio Prado Junior: «transformaciones capaces de estructurar la vida de todo un sistema social de manera que se corresponda con las necesidades más profundas y generales de sus poblaciones, algo que confiere un nuevo rumbo a las vidas humanas».

Pues eso es lo que se está imponiendo a nivel mundial. La Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la mayoría de los gobiernos han implantado un tipo de industrialización de la agricultura con la liberalización de los mercados que se rigen por la competición y por la especulación, que han acabado por afectar a la soberanía alimentaria de la mayoría de los países del mundo.

Es una ilusión pensar que los que han producido la crisis, tienen la llave de su solución. Ellos proponen más de lo mismo: más producción, más fertilizantes, más productos genéticamente modificados, más mercado no para saciar el hambre sino para hacer más dinero. Ninguno piensa en colocar más dinero en las manos de los hambrientos para que puedan comprar comida y sobrevivir. Pueden morir de hambre delante de una mesa repleta a la cual no tienen acceso.

La solución se encuentra en las manos de aquellos que en el mundo entero garantizan gran parte del suministro alimentario: la agricultura familiar y las pequeñas cooperativas populares. La agricultura familiar en Brasil representa el 70% de los alimentos que llegan a la mesa. Es responsable del 67% del fríjol, del 89% de la mandioca, del 70% de los pollos, del 60% de los cerdos, del 56% de los lácteos, del 69% de la lechuga y del 75% de la cebolla. Estos pequeños agricultores, articulados entre sí y también a nivel internacional, deben formular las políticas de producción, privilegiar los mercados locales y regionales, y mantener bajo vigilancia los mercados mundiales, para inhibir la especulación e impedir la formación de oligopolios.

Este tipo de agricultura aprovecha los conocimientos ancestrales, sabe preservar los suelos y enriquecer su fertilidad con nutrientes naturales. Brasil, al lado del agronegocio, tiene que privilegiar la agricultura familiar, pues ella tiene condiciones para garantizar nuestra soberanía alimentaria y ser la mesa puesta para el hambre del mundo entero.

Fuente: ALAI

 

TRANSGÉNICOS, CÁNCER Y OTROS MALES

TRANSGÉNICOS, CÁNCER Y OTROS MALES

Revolución verde, agroquímicos, biotecnología 
moderna, transgénicos..., una misma filiación 
que nos lleva a la decadencia
 
Silvia Wú Guin* y Fernando Alvarado de la 
Fuente**
 
Los oncólogos estadounidenses Dr. Th. Slage y 
Dr. R. Shearer, del Centro de Investigación 
Hutchinson, en Seattle (Washington), precisaron 
en marzo de 1976, que el 80% de las 
enfermedades cancerosas en el ser humano, 
son causadas por los productos químicos en 
el ambiente y el 20% por productos químicos 
en los alimentos.
 
La OMS en 2002 precisó que el número de 
personas que murió de cáncer alrededor del 
mundo, 7.6 millones, fue superior a los 5.6 
millones que en total murieron por VIH/SIDA, 
malaria y tuberculosis.
 
El cáncer es pues actualmente, el riesgo 
permanente que amenaza nuestra salud. Para 
analizar las causas, sólo detengámonos en el 
dato de los expertos que indica que el 20% 
del cáncer es causado por los productos 
químicos en los alimentos. 
Recordemos a su vez, que el origen y el 
estilo de producción está marcado por varios 
enfoques.  ¿Cuál de esos enfoques de producción 
revelarán atajos hacia el cáncer ¿la agricultura 
ecológica?  ¿la "revolución verde" con sus 
agroquímicos sintéticos?  ¿la biotecnología 
"ultra moderna" con sus semillas transgénicas?. 
Veámoslo por partes 
 
La revolución verde
Hace 50 años que se viene impulsando la llamada 
"revolución verde", basada en un paquete 
tecnológico con uso intensivo de productos 
químico-sintéticos, dentro de los cuales destacan 
los abonos nitrogenados, los pesticidas de 
amplísima especialización y las semillas mejoradas 
y en la ultima década las transgénicas.
 
El profesor W. Schuphan (1971), director del 
Instituto Nacional de la Investigación de la 
Calidad, de Geisenheim (Rhin), describe el círculo 
vicioso al que nos somete la agricultura de la 
revolución verde "El uso exagerado de 
fertilizantes nitrogenados provoca un alto grado 
de susceptibilidad a contraer enfermedades o 
parásitos en las plantas alimenticias. Esto obliga 
a un empleo masivo de pesticidas químicos. 
Además el alto contenido de nitrógeno (que 
utiliza la agricultura convencional) reduce los 
minerales y las vitaminas en las plantas, tan 
necesarias para la salud del hombre".
 
A partir de ello, lo que nosotros observamos 
además, no sólo es un círculo vicioso, más bien, 
una espiral ...
 
Nitratos y cáncer
La evidencia científica nos indica que existe una 
correlacion directa entre el consumo de alimentos, 
o de agua, con exceso de nitratos y la ocurrencia 
de cánceres gástricos y la elevada mortalidad 
durante los primeros días de vida de los neonatos 
cuando sus madres ingirieron altas cantidades de 
nitratos, debido principalmente a malformaciones 
que afectan el sistema muscular, el óseo y el 
nervioso central (CRIE, 2002).
 
Los nitratos también pueden formar compuestos 
cancerígenos con ciertos residuos de plaguicidas, 
como con los dicarbamatos (fungicidas).
 
Plaguicidas y demás males en la salud
El uso de pesticidas por parte de la revolución 
verde ha venido generando reducción de la 
fertilidad masculina, enfermedades neurológicas, 
reducción del crecimiento, anormalidades fetales,
 síndrome de fatiga crónica en niños y mal de 
Parkinson.  Por supuesto, también está 
contribuyendo enormemente al incremento del 
índice de cáncer, ya que, los residuos de pesticidas 
están entre las tres mayores causas de cáncer.
 
Las mujeres con cáncer de mamas tienen cinco a 
nueve veces más frecuencia de tener residuos de 
pesticidas en su sangre que aquéllas que no. 
Estudios previos demostraron que aquéllas con 
exposición laboral a pesticidas tienen tasas más 
altas de cáncer.
 
Por su parte, el gobierno británico encontró 
residuos de pesticidas en un tercio de los alimentos 
y más grave aún, más de un agroquímico en 
manzanas, pan, lechugas, papas y fresas; el uso de 
más de un agroquímico potencia los efectos 
adversos.
 
La revolución verde y la biotecnología moderna 
de los transgénicos
Los defensores de los transgénicos podrían sentirse 
aliviados porque sólo hemos referido las 
consecuencias de la primera etapa de la revolución 
verde, las que ya no se pueden acallar ni ocultar 
pues al cabo de más de 40 años la suma de 
evidencias es abrumadora, los daños cuantiosos y 
hasta los científicos pro-transgénicos aceptan esta 
realidad.
 
Así por ejemplo, en una entrevista periodística 
aparecida en el diario oficial El Peruano (5 agosto 
2008), un conocido científico asegura que "No hay 
debates sobre los fertilizantes y los insecticidas 
químicos. Tenemos manzanas bellas, pero llevan 
insecticida dentro,... lo cual es probadamente 
dañino y produce cáncer".
 
Lo peculiar de la entrevista no radica en que los 
científicos admitan ahora el perjuicio de los 
agroquímicos sintéticos, lo singular es que traten 
de hacer un deslinde entre agroquímicos sintéticos 
y transgénicos como si tuvieran un origen distinto 
y una perspectiva diferente.
 
Lo verídico es que agroquímicos sintéticos y 
transgénicos comparten una misma genealogía y, 
es nuestro deber difundirlo. Las semillas 
transgénicas basan su visión en el mismo sistema 
impulsado por la revolución verde de los años 50, 
esto es, el uso de fertilizantes y pesticidas 
químicos de síntesis.  Sólo han variado las semillas 
mejoradas por las semillas transgénicas; todo lo 
demás sigue siendo válido, aunque pretendan decir 
que se usará menos.
 

Compartiendo los mismos progenitores, los

estudios demuestran que los alimentos

transgénicos son inclusive más peligrosos, pues las

características de su resistencia no son externas,

sino han sido incorporadas al interior de su mapa

genético.  Así, la semilla transgénica de maíz Bt

está preparada para resistir plagas porque cada una

de sus células contiene el Bacillus thuringiensis,

una bacteria que produce sustancias tóxicas para

los insectos.

 

En consecuencia, el uso de agroquímicos ya no

 sólo se restringe a las aplicaciones externas, sino

están incluidas en la genética de lo que pretenden

sean nuestros alimentos cotidianos. En los países

desarrollados en donde se consume soya

transgénica se observa un incremento sustancial en

las alergias a este alimento.  Otra observación es la

resistencia a antibióticos y, fuera del ámbito de la

salud, la destrucción de la biodiversidad, la

inseguridad alimentaria (ver artículo "Los

alimentos transgénicos como falsa solución al

hambre" de Sacha Barrio) y el control de las

semillas por unas pocas compañías se suma a la

lista de consecuencias indeseables (ver artículo

‘Transgénicos: el prontuario criminal de

Monsanto’, de Fernando Glenza).

 
Según la OMS, el cáncer aumentó en 19% en todo 
el mundo entre 1990 y 2000 principalmente en los 
países en desarrollo.
 
¿Será porque en nuestros países cada vez usamos 
más agroquímicos y los países desarrollados 
procuran usar menos y cada vez consumen más 
alimentos ecológicos?
 
La agricultura ecológica
¿Realmente no hay otra solución tecnológica? En 
realidad sí existe y ha existido desde siempre y se 
llama agricultura ecológica. Si observamos el 
enfoque de la agricultura ecológica, ésta procura 
usar técnicas compatibles con las leyes de la 
naturaleza, prohíbe el uso de fertilizantes, 
pesticidas químicos de síntesis y transgénicos por 
lo que la exposición al peligro de enfermedades tan 
graves como el cáncer disminuye.
 
A la par, los estudios científicos refieren que la 
calidad nutricional de los productos ecológicos es 
muy superior a la calidad de los productos 
obtenidos con la revolución verde, también 
denominados 'convencionales'.  Esta mayor calidad 
biológica de los alimentos ecológicos se ha 
comprobado en diferentes pruebas biológicas.
 
La más antigua se realizó en Nueva Zelanda en los 
años 40 (Daldy, 1940), donde se comparó el efecto 
de la dieta ecológica en escolares, a los cuales se 
les suministró estos alimentos durante dos años. Al 
cabo de este tiempo, se comprobó que su salud 
dental era mucho mejor, presentaban mayor 
resistencia a la fractura de huesos, la incidencia de 
gripe y resfriados había disminuido notablemente, 
su tiempo de convalecencia era menor y su salud 
en general era mucho mejor.
 
Por supuesto que esta evidencia fue negada por 
décadas, tal como se negó el efecto dañino del 
tabaco en los años 50 (ver artículo 'Tabaco y 
transgénicos con T de trampa", de Fernando 
Alvarado), dándose a conocer estudios que 
afirmaban "los alimentos ecológicos tienen la 
misma cantidad de nutrientes que los 
convencionales", los cuales fueron difundidos por 
científicos mercenarios.
 
A mediados de los años 70, los trabajos de 
Schuphan (Schuphan, W. 1975. "Yield 
Maximization versus biological value". Qual. 
Plant. 24,  281-310) como resultado de 12 años de 
investigación, mostraron que los productos 
ecológicos superaban a los convencionales en el 
contenido de proteínas (18%), vitaminas (28%), 
azúcares totales (19%) y en minerales, como el 
hierro (17%), potasio (18%), calcio (10%) y 
fósforo (13%).  A la par, se demostró que los 
alimentos ecológicos nos aleja de componentes 
indeseables porque llevan 93% menos de nitratos, 
42% menos de aminoácidos libres y 12% menos 
de sodio.
 
Los estudios realizados por la Rutgers University 
(Heaton, 2002) de Reino Unido, prueban la 
superioridad de las hortalizas ecológicas en el 
contenido de minerales, el cual es mayor en 10 y 
50 veces al contenido de aquellas convencionales 
que se han obtenido por la revolución verde.
 
Otros estudios realizados en Reino Unido en 1992 
concluyeron (Heaton, 2002) que una mejora en el 
suministro de vitaminas y minerales a través de 
alimentos ecológicos, podría reducir el cáncer en 
un 20%, las enfermedades cardiacas en un 25%, la 
artritis en un 50% y el alcoholismo en 33%.
 
En 2007, oficialmente, y luego de un estudio de 
dos años que costó 20 millones de dólares a la 
Unión Europea, se reafirmó que los alimentos 
ecológicos son mucho mejores. Entre muchos 
resultados se dio a conocer, por ejemplo, que los 
alimentos ecológicos pueden tener de 20% a 90% 
más antioxidantes, sustancias que tienen la 
cualidad de ser anticancerígenas.
 
Igualmente convincente resultan los estudios con 
seres humanos alimentados con productos 
ecológicos, los cuales demuestran efectos 
provechosos reales sobre su salud. Así se tiene 
que, las terapias alternativas para curar el cáncer 
han logrado buenos resultados basándose en el 
consumo exclusivo de alimentos orgánicos 
(Independent Science Report, 2007). 
 
Las terapias nutricionales anti-cáncer buscan evitar 
en lo posible contaminantes y toxinas, y más bien, 
promueven el consumo exclusivo de alimentos 
ecológicos para aumentar la ingesta de nutrientes.
 
Conclusión
La revolución verde dio a luz agroquímicos con el 
argumento de ser la salvación y el camino para la 
obtención de grandes cantidades de alimentos; la 
historia ha demostrado que ni han logrado 
incrementar sostenidamente la producción ni –por 
tanto- han resultado ser la salvación al hambre del 
mundo.
 
La biotecnología moderna con sus transgénicos, 
tiene la misma raíz de origen y se presenta con el 
mismo argumento  ¿deberíamos ser igualmente 
crédulos y admitir su promoción en el Perú?
 
La buena memoria, el buen criterio y la sensatez 
nos lleva a recomendar y preferir el consumo de 
alimentos ecológicos que ya tenemos en las 
bioferias (Miraflores, San Isidro en Lima y, en las 
ciudades de Huancayo y Huánuco), también en las 
casas de comercio justo (K’antu, en Lima; 
Qosqowasinchis, en Cusco; La Casa del 
Corregidor, en Puno), el Punto Justo y Sano de 
San Borja y la BioTienda en Miraflores. 
 
Evitemos los alimentos convencionales, 
especialmente los más fumigados con pesticidas 
como el tomate, la cebolla, la papa, la manzana y 
la fresa.  No consumamos alimentos transgénicos 
que predominan en los alimentos procesados con 
soya, maíz y canola.
 
Finalmente, exijamos la moratoria por cinco años 
al ingreso de transgénicos al Perú y también, la 
promulgación inmediata de la Ley del etiquetado,
 con la cual podamos conocer aquellos alimentos 
que contienen transgénicos en su composición, 
propuesta ya presentada pero que actualmente 
duerme en el Congreso.
 
Sumemos voluntades y esfuerzos, la sociedad 
civil es mayoría y podemos hacer valer nuestros 
derechos
 
10 agosto 2008
 
* Directora Ejecutiva RAE Perú, 
silviawuguin@hotmail.com
**Presidente Centro IDEAS, 
Vice Presidente RAE Perú, 
bioferdi@hotmail.com

TRANSGÉNICOS: EL PRONTUARIO CRIMINAL DE MONSANTO

por Fernando Glenza

Difundido por Fernando Alvarado (RAE)

Una reciente resolución de las autoridades científicas de Argentina invita a recordar la historia negra de esta transnacional norteamericana que atenta contra el medio ambiente y la vida.

Monsanto se presenta a sí misma como una empresa visionaria, una fuerza de la historia mundial que trabaja para aportar ciencia de vanguardia y una actitud ambientalmente responsable a la solución de los problemas más urgentes de la humanidad. Pero, ¿qué es en realidad Monsanto? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo llegó a ser el segundo productor mundial de agroquímicos y uno de los principales proveedores de semillas en el planeta?. ¿Es Monsanto la compañía "limpia y verde" que proclaman sus anuncios, o los mismos apenas representan una operación de imagen que oculta la naturaleza criminal de la compañía?

En una Resolución del 13 de diciembre de 2004, el Comité Nacional de Etica en la Ciencia y la Tecnología (CECTE), dependiente del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Argentina, tomó conocimiento de la convocatoria al Premio "Animarse a Emprender", instituido por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas, Educativas y Técnicas (CONICET) y la empresa Monsanto, que otorgaba 30 mil dólares al mejor proyecto en el área de biotecnología y medio ambiente, y recogió las inquietudes formuladas sobre este premio por algunos investigadores.

En atención a esas consideraciones, el CECTE estimó que es "inconveniente" que una institución pública de la ciencia y la tecnología se asocie en el otorgamiento de premios a la investigación científica o tecnológica con organizaciones o empresas que "son objeto de cuestionamientos éticos por sus responsabilidades y acciones concretas en detrimento del bienestar general y el medioambiente".

Monsanto es la compañía que introdujo al mercado la primera generación de cultivos transgénicos, convirtiéndose en el líder mundial en la promoción de biotecnología en la agricultura. Actualmente, es el mayor vendedor mundial de semillas transgénicas en Latinoamérica, Estados Unidos y Canadá. Sus cultivos representan más del 90 por ciento de todos los cultivos transgénicos del mundo. Los cultivos resistentes a su herbicida "glifosato", como la "soja RR" (Roundup Ready) y el "maíz RR", sólo promueven la agricultura industrial de insumo-dependencia. Una mirada a su historia nos dará algunas claves reveladoras, y puede ayudarnos a entender mejor las prácticas actuales de la compañía.

Un resumen de la detallada investigación realizada por Brian Tokar, autor de "Earth for Sale" (South End Press, 1997) y "The Green Alternative" (New Society Publishers, 1992), y profesor de Ecología Social en el Goddard College, de Plainfield, Vermont, Estados Unidos, muestra una verdadera colección de atrocidades perpetradas por esta multinacional de gran ingerencia actual en Latinoamérica.

Con sede en San Louis, Missouri, Estados Unidos, Monsanto Chemical Company fue fundada en 1901 por John Francis Queeny, un químico autodidacta que llevó la tecnología de la fabricación de sacarina, el primer edulcorante artificial, de Alemania a Estados Unidos. En los años 20, Monsanto se convirtió en uno de los principales fabricantes de ácido sulfúrico y de otros productos básicos de la industria química, y desde la década del 40 hasta nuestros días, es una de las cuatro únicas compañías que han estado siempre entre las 10 primeras empresas químicas de Estados Unidos.

En los años 40, el negocio de Monsanto giraba en torno a los plásticos y las fibras sintéticas. En 1947, un carguero francés que transportaba nitrato de amonio (utilizado como fertilizante) explotó en un muelle a unos 90 metros de la fábrica de plásticos de Monsanto en las afueras de Galveston, en Texas. Más de 500 personas murieron en lo que llegó a ser considerado como uno de los más grandes desastres de la industria química. La planta producía estireno y plásticos de poliestireno, que aún se usan para envases de alimentos y otros productos de consumo masivo. En los años 80, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos (EPA), colocó al poliestireno en el quinto lugar de la clasificación de productos químicos cuya producción genera las mayores cantidades totales de residuos peligrosos.

En 1929, la Swann Chemical Company, adquirida poco después por Monsanto, desarrolló los bifenilos policlorados (PCBs por sus siglas en inglés), que fueron muy alabados por su estabilidad química y su ininflamabilidad. Su uso más frecuente se dio en la industria de equipos eléctricos, que escogió a los PCBs como refrigerantes incombustibles de una nueva generación de transformadores. En el transcurso de los años 60, los compuestos de la cada vez más numerosa familia de los PCBs de Monsanto fueron también usados como lubricantes, líquidos hidráulicos, aceites lubricantes de herramientas, revestimientos impermeables y selladores líquidos. Las pruebas de los efectos tóxicos de los PCBs se remontan a los años 30, cuando científicos suecos que estudiaban los efectos biológicos del DDT comenzaron a hallar concentraciones significativas de PCBs en la sangre, pelo y tejidos grasos de los animales silvestres.

La investigación durante los años 60 y 70 reveló que los PCBs y otros compuestos organoclorados aromáticos eran carcinógenos poderosos, y también los relacionó con un amplio conjunto de trastornos reproductivos, de desarrollo y del sistema inmunológico. La afinidad química de estos compuestos por las grasas es responsable de sus enormes tasas de acumulación y bioconcentración, así como de su expansión a través de la cadena alimenticia marina en el mundo. Aunque la fabricación de PCBs se prohibió en Estados Unidos en 1976, sus efectos tóxicos y perturbadores del sistema endocrino persisten en todo el mundo.

La relación de Monsanto con la dioxina se remonta a la fabricación del herbicida 2,4,5-T, que comenzó a finales de la década de los 40. Casi inmediatamente, los trabajadores comenzaron a enfermar, con erupciones en la piel, dolores inexplicables en las extremidades, articulaciones y otras partes del cuerpo, debilidad, irritabilidad, nerviosismo y pérdida del deseo sexual. Documentos internos muestran que la compañía sabía que aquellas personas estaban realmente tan enfermas como decían, pero la empresa mantuvo todas las pruebas ocultas. El contaminante responsable de las dolencias de los trabajadores no fue identificado como dioxina hasta 1957, pero antes de esa fecha, los especialistas en guerra química del ejército de los Estados Unidos se habían interesado por dicha sustancia como una posible arma química.

Monsanto envenenó Vietnam. El herbicida conocido como Agente Naranja, que fue usado por las fuerzas militares estadounidenses para defoliar los ecosistemas de selva tropical de Vietnam durante los años 60, era una mezcla de 2,4,5-T y 2,4-D que provenía de varias fuentes, pero el Agente Naranja de Monsanto tenía concentraciones de dioxina muchas veces superiores al producido por Dow Chemical, el otro gran productor del defoliante. Esto convirtió a Monsanto en el principal acusado en la demanda interpuesta por veteranos de la guerra del Vietnam, que experimentaron un conjunto de síntomas de debilidad atribuibles a la exposición al Agente Naranja. Cuando en 1984 se alcanzó un acuerdo de indemnización por valor de 180 millones de dólares entre siete compañías químicas y los abogados de los veteranos, la justicia ordenó a Monsanto pagar el 45,5 por ciento del total. Por supuesto, a los tribunales de Estados Unidos ni se los ocurrió que a una mayor indemnización tenían derecho la sociedad y el Estado de Vietnam.

El Roundup es el herbicida más vendido del mundo. Actualmente, los herbicidas de glifosato, tales como el Roundup, representan al menos una sexta parte de las ventas anuales totales de Monsanto, y la mitad de los ingresos por operaciones de la compañía, o quizá algo más, desde que la misma delegó sus actividades en torno a productos químicos industriales y tejidos sintéticos en una empresa aparte, llamada Solutia (en septiembre de 1997). Monsanto promociona agresivamente el Roundup como un herbicida seguro y de uso general en cualquier lugar, desde céspedes y huertas hasta grandes bosques.

En 1997, Monsanto respondió a cinco años de quejas del fiscal general del estado de Nueva York relativas a que sus anuncios del Roundup eran engañosos, cambiando sus anuncios en el sentido de borrar las referencias a la "biodegradabilidad" y al carácter "ambientalmente positivo" del herbicida. La serie de grandes multas y decisiones judiciales contra Monsanto en Estados Unidos incluyen responsabilidades en casos de muerte por leucemia, multas de 40 millones de dólares por el vertido de productos peligrosos al medio ambiente, y muchos otros episodios. En 1995, Monsanto era la quinta empresa de Estados Unidos en el inventario de vertidos tóxicos de la EPA, con millones de kilogramos de productos químicos tóxicos descargados sobre la tierra, en el aire, en el agua y en el subsuelo.

Los productos farmacéuticos de Monsanto tienen también un historial inquietante. El producto estrella de la compañía farmacéutica Searle, subsidiaria de Monsanto, es el edulcorante artificial "aspartame", vendido bajo los nombres comerciales de Nutrasweet y Equal. En 1981, cuatro años antes de que Monsanto comprase Searle, un comité consultivo de la FDA (Food and Drug Administration) compuesto por científicos independientes, confirmó informes que afirmaban que el aspartame podría inducir tumores cerebrales.

La FDA retiró a Searle la licencia de venta del aspartame, pero esta decisión fue anulada por un nuevo comisionado nombrado por el entonces presidente Ronald Reagan. En ese momento el actual secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, era el presidente de la compañía.

Un estudio de 1996 publicado en la revista científica Journal of Neuropathology and Experimental Neurology ha suscitado de nuevo la preocupación, relacionando el aspartame con un incremento súbito de cánceres cerebrales a poco de introducirse la substancia. La Unidad de Investigación sobre Política Científica de la Universidad de Sussex, Inglaterra, cita una serie de informes de los años 80, que relacionan el aspartame con un conjunto amplio de reacciones adversas en consumidores sensibles, incluyendo dolores de cabeza, visión borrosa, entumecimiento, pérdida de audición, espasmos musculares y ataques inducidos de tipo epiléptico, entre otras muchas dolencias.

La agresiva promoción que Monsanto realiza de sus productos biotecnológicos, desde la hormona recombinante del crecimiento bovino (rBGH) a la soja "Roundup Ready" y a sus variedades de algodón resistentes a los insectos, resulta a ojos de cualquier observador como una continuación de sus largas décadas de prácticas éticamente discutibles.

Originalmente, Monsanto fue una de las cuatro empresas que querían introducir en el mercado una hormona sintética del crecimiento bovino, producida por la bacteria E. coli, manipulada genéticamente para producir la proteína bovina. El esfuerzo de Monsanto, que duró 14 años, para lograr la aprobación de la FDA a la comercialización de la BGH recombinante, estuvo lleno de controversias, llegándose a denunciar un esfuerzo coordinado para suprimir información sobre los efectos perjudiciales de la hormona.

La hormona de Monsanto se aprobó por la FDA para su venta comercial a principios de 1994. El año siguiente, la Unión de Agricultores de Wisconsin, hizo público un estudio de las experiencias de los granjeros con la droga. Sus hallazgos excedieron los 21 problemas potenciales de salud que Monsanto fue obligada a incluir en la etiqueta de advertencia de su marca Posilac (nombre comercial de la rBGH). Se obtuvieron muchos informes de muertes espontáneas entre vacas tratadas con rBGH, alta incidencia de infecciones de ubres, graves dificultades metabólicas y problemas en los partos y, en algunos casos, imposibilidad de apartar a las vacas tratadas de la substancia, a la que se habían habituado.

Muchos ganaderos experimentados que usaron la rBGH tuvieron que reemplazar de repente una buena parte de sus rebaños. En lugar de responder a las causas de las quejas de los ganaderos sobre la rBGH, Monsanto emprendió la ofensiva, amenazando con demandas judiciales contra las pequeñas empresas lecheras que anunciaban sus productos como libres de la hormona artificial, y participando en una acción legal interpuesta por varias asociaciones industriales de comercio contra la primera (y única) ley de etiquetado obligatorio para la rBGH en Estados Unidos. Todo ello mientras aumentaban las pruebas de los efectos perjudiciales de la rBGH en la salud de las vacas y de las personas.

Los esfuerzos para impedir el etiquetado de las exportaciones estadounidenses de soja y maíz manipulados genéticamente, parecen indicar que Monsanto sigue aplicando las tácticas ingeniadas por la compañía para sofocar las quejas contra la hormona de la leche. Si bien Monsanto argumenta que su soja "Roundup Ready" acabará por reducir el consumo de herbicidas, el uso generalizado de variedades de cultivos tolerantes a los herbicidas significa un aumento de la dependencia de los agricultores respecto del herbicida. Las malas hierbas que aparecen después de que el herbicida original se haya dispersado o degradado, se tratan a menudo con más aplicaciones de herbicida.

Por otra parte, Monsanto ha aumentado su producción de Roundup en los últimos años. Habiendo expirado la patente de Roundup en Estados Unidos en el año 2000, y con una competencia de productos genéricos de glifosato surgiendo en todo el mundo, el "paquete" de herbicida Roundup y semillas "Roundup Ready" se ha convertido en la piedra angular de la estrategia de Monsanto para seguir aumentando sus ventas de herbicida.

Los posibles efectos ambientales y sanitarios de los cultivos tolerantes al Roundup no han sido investigados completamente; por ejemplo, los efectos alergénicos, el caracter invasivo o de mala hierba de estos cultivos y la posibilidad de que la resistencia al herbicida se transfiera vía polen a otras semillas de soja o a otras plantas emparentadas.

Mientras que los problemas con la soja resistente a herbicidas son despreciados como algo muy genérico y especulativo, la experiencia de los algodoneros con las semillas manipuladas genéticamente por Monsanto constituye una historia muy diferente.

Desde 1996 Monsanto ha sacado dos variedades de algodón manipulado genéticamente; una es una variedad resistente al Roundup, y la otra, llamada "BT", segrega una toxina bacteriana para controlar los daños producidos por plagas del algodón. La toxina, derivada del Bacillus thuringiensis (B.t.), se ha utilizado por los agricultores ecológicos desde los primeros años 70 en forma de un aerosol natural bacteriano. Pero a diferencia de las bacterias B.t., que viven relativamente poco, y segregan su toxina en una forma que sólo se activa en los sistemas digestivos de ciertos gusanos y orugas, los cultivos "BT" modificados genéticamente segregan una forma activa de la toxina a lo largo del ciclo vital de la planta.

 

Gran parte del maíz genéticamente manipulado del mercado es una variedad con capacidad de segregar esta toxina bacteriana, ideada para repeler al gusano de la raíz del maíz y a otras plagas comunes.

El primer problema de estos cultivos que segregan plaguicidas es que la presencia de la toxina en todo el ciclo vital de la planta favorece la aparición de cepas resistentes al B.t. entre los insectos. La EPA ha determinado que una resistencia extendida al B.t. puede convertir en inefectivas las aplicaciones naturales de la bacteria B.t. en apenas tres o cinco años, y pide a los agricultores que planten hasta un 40 por ciento de sus cultivos con algodón no manipulado genéticamente, para que sirva de "refugio" a los insectos y evitar la aparición de resistencias al B.t. En segundo lugar, la toxina segregada por estas plantas puede dañar a insectos beneficiosos, además de aquellas otras especies que los agricultores quieren eliminar.

Pero los efectos nocivos del algodón "BT" han resultado ser mucho más rápidos de lo esperado, tanto que Monsanto y sus socios han retirado del mercado más de 2 millones de kilos de semillas de algodón manipuladas genéticamente, y han acordado pagar a los cultivadores de Estados Unidos una indemnización de muchos millones de dólares. A pesar de estos problemas, Monsanto sigue fomentando el uso de la ingeniería genética en la agricultura al tomar el control de muchas de las mayores y más establecidas empresas de semillas en los Estados Unidos, controlando el 85 por ciento del mercado estadounidense de semillas de algodón.

La compañía sigue también en otros países esta agresiva política de adquisiciones de empresas y de venta de productos. En 1997, Monsanto compró "Sementes Agroceres S.A.", descrita como "la principal empresa de semillas de maíz de Brasil", con una cuota de mercado del 30 por ciento. Por otro lado, son conocidas las denuncias de importación ilegal de soja transgénica provenientes de la filial argentina de Monsanto.

Con esta larga e inquietante historia, se entiende porqué muchos ciudadanos informados de Europa y Estados Unidos se resisten a confiar en Monsanto el futuro de su comida y salud. No ocurre lo mismo en Latinoamérica.

Bajo la gestión de su presidente, Robert Shapiro, Monsanto ha apartado todos los obstáculos para transformar su imagen de un suministrador de productos químicos peligrosos en una institución ilustrada y con visión de futuro, que lucha para alimentar al mundo. Shapiro se describe a sí mismo como un visionario y un hombre renacentista, encargado de la misión de usar los recursos de la compañía para cambiar el mundo: "No es un problema de buenos y malos. No sirve para nada decir -si los malos se fueran, entonces el mundo iría bien-; es el sistema entero el que ha de cambiar; hay una gran oportunidad para reinventarlo, dice el ejecutivo de Monsanto.

El sistema "reinventado" de Shapiro es tal que no sólo continúan existiendo las grandes empresas, sino que además éstas ejercen cada vez un mayor control sobre nuestras vidas. Pero últimamente se nos dice que Monsanto se ha reformado, que se ha desprendido con éxito de sus divisiones de industria química y que se ha comprometido a reemplazar los productos químicos con "información", en forma de semillas manipuladas genéticamente y otros productos de la biotecnología. Esto no deja de ser una ironía viniendo de una compañía cuyo producto más rentable es un herbicida.

Monsanto demuestra claramente que ha aprendido a utilizar la charlatanería adecuada. Así, Roundup no es un herbicida, sino "una forma de minimizar las labores del suelo y reducir la erosión". Los cultivos de ingeniería genética no son simplemente fuentes de beneficio para Monsanto, "sino que surgen para resolver el problema inexorable del crecimiento de la población". Por último, se nos quiere hacer creer que la agresiva promoción de la biotecnología que lleva a cabo Monsanto no es fruto de la arrogancia empresarial, sino simplemente una "ley de la naturaleza".

Monsanto ha bautizado el aparente crecimiento exponencial de lo que llama "conocimiento biológico" con el nombre de "Ley de Monsanto" -nada menos-. Como con cualquier otra presunta ley de la Naturaleza, poco se puede hacer fuera de observar cómo se cumplen sus predicciones, y en este caso, la predicción es ni más ni menos que el crecimiento exponencial continuo del poder mundial de Monsanto.

Pero el crecimiento de cualquier tecnología no es simplemente una "ley de la naturaleza". Las tecnologías no son fuerzas sociales en sí mismas, ni simples herramientas neutrales que se pueden utilizar para alcanzar cualquier fin social, sino el producto de unas instituciones sociales y de unos intereses económicos particulares.

Por ejemplo, la llamada "Revolución Verde" de la agricultura de los años 60 y 70 aumentó temporalmente los rendimientos de los cultivos, e hizo también a agricultores de todas las partes del mundo cada más dependientes de costosos insumos químicos. Esto provocó desplazamientos generalizados de campesinos fuera de sus tierras, y en muchos países ha ido en detrimento del suelo, las aguas subterráneas y las tierras comunales, que han sustentado a la gente durante miles de años. Estos desequilibrios a gran escala han alimentado la suburbanización y la pérdida de poder social de las comunidades, lo que ha conducido a su vez a otro ciclo de empobrecimiento y hambre.

La "Segunda Revolución Verde", prometida por Monsanto y otras compañías biotecnológicas, amenaza con una destrucción aún mayor de las relaciones sociales y de la posesión tradicional de la tierra.

Al rechazar a Monsanto y su biotecnología, no estamos necesariamente rechazando la tecnología "per se", sino que queremos reemplazar una tecnología de manipulación, control y beneficios, que niega la vida, por otra verdaderamente ecológica, diseñada para respetar el funcionamiento de la Naturaleza, mejorar la salud personal y comunitaria, sustentar a las comunidades que viven de la tierra y operar a una escala genuinamente humana. Si creemos en la soberanía, es necesario que podamos elegir qué tecnologías son las mejores para nuestras comunidades, en lugar de que decidan por nosotros entidades a las que es muy difícil pedir responsabilidades, como Monsanto.

En vez de tecnologías ideadas para el enriquecimiento continuo de unos pocos, podemos basar nuestra tecnología en la esperanza de una mayor armonía entre nuestras comunidades humanas y el mundo material.

Nuestra salud, nuestros alimentos y el futuro de la vida en la Tierra están realmente en juego.

 

LA AMENAZA TRANSGÉNICA CONTRA LOS PUEBLOS INDÍGENAS Y LA MEGABIODIVERSIDAD PERUANA

marcohuaco.com
MANUS HOEC INIMICA TYRANNIS

Por: Marco A. Huaco P.

La coyuntura actual

Un coto muy agudizado ha alcanzado el debate en torno a la introducción de cultivos transgénicos en el Perú, país mega-biodiverso e importante banco genético de la humanidad, razón por la cual este debate de carácter global adquiere connotaciones estratégicas a nivel local a pesar de que la mayor parte de la población ignore la trascendencia del mismo (situación que sin embargo ya va cediendo paulatinamente gracias a campañas como las de la Plataforma Perú: País Libre de Transgénicos).

Episodios que ilustran la aguda polarización del debate: un asesor ministerial (del sector agricultura) le espeta nada menos que a un Ministro de Gobierno -titular del recién creado Ministerio del Ambiente- “que deje de hablar estupideces” al priorizar la agricultura orgánica y oponerse al ingreso descontrolado de transgénicos; exabrupto que tiene como precedente su -también grave- declaración de que “el Ministro del Ambiente no tiene vela en este entierro” (feliz idea la del Sr. Grobman al asociar transgénicos y ceremonias fúnebres, por cierto…).

Pero bueno: ¿qué Gobierno es éste donde un asesor ministerial puede agraviar a un Ministro de Estado con semejante impunidad? ¿Será que esto es posible gracias a que dicho asesor es dueño de tres empresas productoras de semillas las cuales serían las socias de la influyente transnacional Monsanto –baluarte mundial de producción de semillas transgénicas y vinculada fuertemente a la administración Bush-?... ¿O a que dicho asesor ministerial se desempeña para un gobierno cuyo Presidente ya ha tenido acercamientos preliminares con Monsanto?.

También es muy ilustrativo para conocer los intereses que se juegan detrás de la cuestión, el valorar la actuación ética de este mismo asesor -quien siendo un beneficiado comercial con la introducción de semillas transgénicas- al mismo tiempo no juzgó incompatible el integrar el equipo gubernamental que asistió a la ciudad de Bonn para discutir el reglamento del Protocolo de Bioseguridad de Cartagena, liderando nada menos que el bloque opositor contra el artículo 27 de dicho Instrumento que obligaba a las empresas a asumir responsabilidades por daños derivados del consumo de productos transgénicos (a los que también insisten en eximir de la obligación de ser etiquetados en beneficio del consumidor).

Quizás las desatadas pasiones de dicho funcionario sean consecuencia de que el Presidente decidió inclinarse por la publicación del proyecto de Reglamento de Bioseguridad del Instituto de Innovación Agraria (organismo del Ministerio de Agricultura) para su discusión publica -reglamento en el cual se regularán las condiciones de ingreso de semillas transgénicas al país-, lo que fue consecuencia de la decidida acción política del Ministro del Ambiente y de las diferentes organizaciones de productores agrarios, de consumidores, indígenas, ONGs e incluso alguna confederación religiosa los que se movilizaron contra la desmesurada irresponsabilidad del sector agricultura.

El ángulo olvidado:

Los derechos culturales y la identidad religiosa de los Pueblos Indígenas nativos y amazónicos, guardianes de nuestra biodiversidad

Mediante una reciente condecoración a los arariwas el Ministerio de Agricultura reconoció la importancia del papel de las comunidades nativas en la preservación de la pureza genética de cultivos originarios como la papa (o patata), de los cuales el Perú brinda un significativo aporte al banco genético de la humanidad y a la biodiversidad mundial, y cómo no, a la gastronomía de los pueblos que es parte integrante de la cultura (precisamente al referirse a esta extraordinaria gastronomía y variedad nativa peruana y a su gran potencial económico, el próspero empresario y emblemático chef Gastón Acurio ha manifestado en términos muy categóricos su oposición a que un país megabiodiverso como el Perú prefiera la producción transgénica en lugar de priorizar la orgánica).

Pero la condecoración de los arariwas contrasta radicalmente con la política del propio gobierno que -según razonables análisis efectuados por expertos en derecho ambiental- ha impactado en la línea de flote de la institucionalidad sanitaria y fitosanitaria estatal responsable del control eficiente de la introducción de semillas y cultivos transgénicos mediante la reciente dación de los Decretos Legislativos 1059 (que aprueba la Ley General de Sanidad Agraria), 1060 (que regula el Sistema Nacional de Innovación Agraria) 1062 (que aprueba la Ley de Inocuidad de los Alimentos) y 1080 (que modifica la Ley General de Semillas).

Así entonces, la introducción de semillas transgénicas no depende exclusivamente del Reglamento de Bioseguridad que se debe discutir próximamente sino también de estos decretos legislativos pues el debilitamiento de la autoridad sanitaria propiciará el ingreso de cultivos transgénicos que a causa de la contaminación genética terminará contagiando grave e irreversiblemente a los cultivos orgánicos y a la biodiversidad andina y amazónica, con la consiguiente perdida irrecuperable de los conocimientos tradicionales colectivos indígenas y de su patrimonio espiritual los cuales se encuentran asociados íntimamente a dicha diversidad natural.

Lamentablemente los pueblos indígenas se encuentran sitiados por un férreo, constante y omnipresente racismo ampliamente extendido que los concibe como tribus salvajes e ignorantes que están ancladas en la prehistoria humana mientras habitan un paraíso casi despoblado, pero que al mismo tiempo también los torna extrañamente “invisibles” para el poder político y la sociedad occidental.

Este es el ángulo olvidado en el debate público sobre los transgénicos en el Perú. Si nos tomamos en serio eso de que “la persona es el fin supremo de la sociedad y del Estado” y las obligaciones del Estado peruano en cumplimiento del Convenio 169 de la OIT, no dejará de preocuparnos también este aspecto del tema ya que no solo sus derechos materiales se encuentran amenazados sino sus cosmovisiones espirituales y religiosas las cuales dependen estrechamente de su relación e integración con la biodiversidad, por lo que la actual polémica nacional en torno a los transgénicos les compete con todo derecho.

Para saber más:

“La biodiversidad sólo se pierde una vez”: Reportaje.

“Semillas transgénicas en centros de origen y diversidad”

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